Fri Aug 26 18:24:22 +0200 2011

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  • ¿Y si se demostrara que promover la felicidad de los empleados es la inversión más rentable?

    ¿Y si se demostrara que promover la felicidad de los empleados es la inversión más rentable? Como el bienestar emocional de los trabajadores dispara los beneficios empresariales

     Alejandro Rodrigo se incorporó el pasado noviembre a su puesto de Director de Recursos Humanos en una empresa agroalimentaria valenciana que produce, principalmente, marca blanca para grandes superficies. Alejandro, un joven universitario en su treintena que venía de ocupar un puesto exclusivamente técnico, llegaba cargado de ilusión y con nuevas ideas.  Una de las primeras actuaciones que decidió llevar a cabo fue pulsar el ambiente laboral de la compañía y medir el nivel de satisfacción en el trabajo en  cada departamento. La empresa se había convertido durante los años de la crisis en un referente en la comarca por su estabilidad y solvencia, que contrastaba con la situación crítica que habían atravesado muchas de sus empresas vecinas. Así, en tiempos turbulentos, sus trabajadores vivían en un oasis de seguridad, salarios decentes, jornadas continuadas y contratos indefinidos; condiciones que difícilmente podrían haber encontrado en otras empresas de su entorno más próximo. Alejandro, consecuentemente esperaba encontrar un clima laboral saludable, y en líneas generales es lo que encontró. Sin embargo, “lo que más me ha sorprendido es que en un departamento como el de producción, donde prácticamente todas las personas hacen exactamente la misma tarea, con los mismos horarios, con casi nulo nivel de estrés y el mismo sueldo, exista una variabilidad tan grande en cuanto al nivel de satisfacción con el puesto de trabajo”, nos decía, y continuaba “¿cómo es posible que personas que, entre otros motivos por su escasa cualificación profesional, difícilmente pudieran encontrar mejores condiciones laborales en su entorno, no esten contentas con el trabajo que tienen?”.

     Experiencias como la de Alejandro certifican que la satisfacción de los empleados con su puesto de trabajo no reside exclusivamente en los elementos objetivos propios que rodean al mismo -condiciones económicas, entorno, conciliación laboral, clima, nivel de responsabilidad, tipo de tareas realizadas,… -, sino que dependen en gran medida de elementos fuera del control de la empresa y que pertenecen al ámbito individual de cada  empleado, como pueden ser su nivel de expectativas o la forma en que cada persona entiende las relaciones empresa-trabajador. Pero, ¿qué hay del factor felicidad?. Alejandro se preguntaba, “¿es posible que haya personas que por más que hagamos en la empresa para que los empleados estén bien, nunca van a estar satisfechas con el trabajo?” , “si un tío está cabreado con el mundo, ¿va a estar cabreado en el trabajo independientemente de que las condiciones del mismo sean las mejores que pueda encontrar en su entorno más próximo?”

    Todos somos conscientes de que existe una íntima correlación entre las condiciones objetivas de un puesto de trabajo y la satisfacción de un trabajador en el mismo, y  también sabemos que los empresarios podemos actuar sobre estos elementos e intentar crear entornos más nutritivos y saludables. Pero, ¿y si Alejandro tiene razón y las personas enfadadas con el mundo no van a estar nunca satisfechas con su trabajo independientemente de las condiciones que seamos capaces de ofrecer?

    Pues parece que Alejandro está en lo cierto, las condiciones objetivas influyen, y mucho,  en la satisfacción en el trabajo, pero la investigación en psicología en las últimas décadas parece ofrecer datos concluyentes sobre la íntima correlación entre el bienestar psicológico personal de alguien y su nivel de satisfacción en el trabajo. Es decir, las personas felices tienden a estar más contentas con sus puestos de trabajo que aquellas personas que no están tan bien a nivel emocional. Es decir, en igualdad de condiciones laborales, nos encontraremos que las personas felices tenderán a estar felices en el trabajo, y las personas desgraciadas tenderán a estar mal en el trabajo.

    Pero, ¿tan importante es tener empleados felices?, ¿es mejorar su nivel de felicidad un buen camino para incrementar los beneficios empresariales?

    Aquí, de nuevo, la investigación es concluyente sobre los beneficios colaterales, a los que aquí llamamos efecto felicidad,  que nos proporciona el bienestar psicológico, Las personas felices son más productivas, son más hábiles socialmente, son  más resilientes  y  disfrutan de mejor salud

    Los felices son más productivos:  Cuando estamos felices las funciones cognitivas nos funcionan mejor y al estar más ágiles mentalmente, somos más productivos. De igual manera,  nuestros repertorios de análisis-acción se expanden y nos volvemos más creativos. Pero ahí no acaban los beneficios del bienestar emocional en nosotros, cuando estamos alegres también memorizamos más y cuando estamos en calma el rendimiento de la memoria operativa es óptimo. Por el contrario,  estudios realizados con personas sometidas a situaciones estresantes evidencian que el estrés reduce la capacidad para prestar atención y recordar información, lo que perjudica la comprensión, la planificación, la toma de decisiones, el razonamiento y el aprendizaje.

    Diferentes estudios sitúan sistemáticamente la correlación entre bienestar psicológico personal y productividad en los rangos entre 0,3 y 0,5, una correlación nada desdeñable. Un trabajo de investigación (Wirht, Companssano, 2004) apunta a que el bienestar psicológico explica cerca del 25% de la varianza en productividad en el trabajo de aquellos profesionales con cierta libertad en la organización de su trabajo -ingenieros, abogados, programadores,…-. Imaginando un coste anual de 50.000 euros por cada profesional, y que, también de media, la productividad de este tipo de profesionales varía en torno al 40%, es decir, 20.000 euros de coste, sólo el “factor felicidad” explicaría 5.000 euros anuales de coste por persona. En una organización con veinte profesionales de este tipo, estaríamos hablando de 100.000 euros de impacto en la cuenta de resultados. Otras investigaciones apuntan a que el efecto “felicidad” tiene un impacto de hasta un 31% en la productividad.

    Los felices se llevan mejor con los demás, venden más y son mejores líderes: Las personas felices tiene más y mejores amigos, disfrutan de círculo social más amplio y sano, son menos conflictivos y permanecen más tiempo casados, cuatro factores que indican que las personas emocionalmente sanas tienen más facilidad para construir relaciones. Además, a las personas nos gusta mucho estar con individuos alegres y felices, porque de forma inconsciente, sus emociones se nos contagian –a causa del efecto de las neuronas espejo.

    Ahora bien, ¿mejorar la habilidad social de los empleados se traduce necesariamente para las empresas en una mejor cuenta de resultados? Nadie discutiría que cuanto más saludables son las relaciones entre las personas de una compañía, mejor es el clima laboral y, consecuentemente, mayor la satisfacción con el puesto de trabajo.  No obstante, siempre nos encontraremos con la dificultad de trasladar a números estas certezas. Aun así, donde más fácil sería medir los efectos beneficiosos de la habilidad social, probablemente, sea en las ventas y en el liderazgo.  

    En empresas donde las ventas se realizan mediante trato directo con el cliente, el hecho de que la persona que nos venda nos caiga bien tiene que tener necesariamente consecuencias en la facilidad para conseguir cerrar ventas. En igual de condiciones de precio/calidad/servicio, ¿a quién comprarías antes, a alguien que te cae bien o a alguien que te cae mal?. Un meta-estudio concluyó que el efecto felicidad del vendedor podía llevar a alcanzar una cifra de ventas un 37% superior. Una investigación de laboratorio en una tienda de electrónica en la que se dio instrucciones a la mitad de los empleados para tratar las emociones de los clientesde determinada manera, consiguió mejorar las ventas de éstos con respecto a los compañeros sin instrucciones en un 17%. ¿No son cifras que pueden marcar la diferencia en el devenir de una empresa?

    A todos nos resulta obvio que el liderazgo  es un elemento crítico para el funcionamiento de las empresas, así ¿es un líder feliz un mejor líder?, ¿juega la calidez del líder un rol determinante en la eficacia de su liderazgo? Lo que sí sabemos es que las personas felices son más amables y cálidas, lo que nos faltaba por saber es sí éstas son mejores líderes. En un estudio de Jack Zenger, profesor de Standford,  y Joseph Folkman,  en el que se analizó la eficacia en el liderazgo de 51.836  directivos, sólo 27 de los que estaban en el cuartil más bajo de “calidez y agradabilidad” se encontraban en el cuartil superior en términos de “efectividad en el liderazgo”, es decir, que las probabilidades de que un tío que cae muy mal sea considerado un buen líder son, aproximadamente, 1 entre 2.000.

    ¿Cuánto le cuesta a la empresa tener jefes infelices? Los expertos en Recursos Humanos saben que de entre todos los factores que influyen en la decisión de un empleado de abandonar su puesto de trabajo y buscar otra empresa, el más determinante es la calidad de su relación con su inmediato superior. No hace falta ser un erudito para concluir también, que esta relación es crítica para construir el nivel de satisfacción de alguien con su puesto de trabajo.

    Una investigación de 2008 del  HR Council concluyó que el 38% de los trabajadores que están poco satisfechos con su trabajo manifiestan que es seguro o muy probable que decidirán abandonar su puesto en los siguientes 12 meses y, también,  sólo el 4% manifiesta estar convencido de que no dejará su puesto en ese período.

    Los costes de la rotación de personal dependen sobremanera de las peculiaridades de cada puesto de trabajo, pero por reducidos que éstos sean, el reclutamiento, la selección, la formación y el período de tiempo que lleva la adaptación al puesto de trabajo penalizan  los resultados económicos de la empresa.

    Los felices disfrutan de mejor salud. Hay expertos que se atreven a indicar que únicamente el 5% de nuestras enfermedades tiene que ver estrictamente con causas genéticas, y que el resto está influidas por nuestro estilo de vida y nuestro manejo emocional. En cualquier caso, lo que sí es cierto es que existe una auténtica avalancha de datos que demuestran la tremenda influencia que los estados emocionales juegan a la hora de mantener un buen estado de salud. En situaciones de estrés nuestro cuerpo libera una serie de hormonas, como la adrenalina, noradrenalina o el cortisol entre otras, que entorpecen el adecuado funcionamiento del sistema inmunológico. Esta situación se agrava si el estrés es intenso y continuado. En situaciones de estrés somos más propensos a sufrir enfermedades infecciosas como la gripe, el resfriado y el herpes. El estrés también favorece la aparición de enfermedades víricas, la arteriosclerosis, fomenta la manifestación de la diabetes, desencadena ataques de asma y contribuye a los problemas gastrointestinales. Diferentes análisis e investigaciones realizadas con miles de personas  demuestran que las personas que sufren de ansiedad crónica, largos episodios de melancolía y pesimismo, tensión excesiva, irritación constante, y escepticismo y desconfianza extrema, son doblemente propensos a contraer enfermedades como el asma, la artritis, la jaqueca, la úlcera péptica y las enfermedades cardiacas. El enfado contribuye a disminuir la cantidad de sangre que llega al corazón convirtiéndose en un impulsor de enfermedades coronariasSegún el V Informe Adecco sobre Absentismo, la tasa de absentismo en 2015 se incrementó hasta el 4,7% y supuso un coste directo para la Seguridad Social de 5.132M € y para las empresas de 3.857M €,  al que hay que añadir el coste de los productos y servicios no producidos a causa del absentismo en 52.387,15 M €.  Un coste total superior al déficit público de ese año que ascendió 55.755 M €.  Con estas cifras, y aún considerando que estimar el coste de lo no producido es un ejercicio teórico y la cifra puede ser exagerada ¿no cabe preguntarse si podríamos habernos ahorrado mucho dolor y muchos recortes en servicios sociales simplemente mejorando la salud psicológica y, consecuentemente, la salud física de nuestros trabajadores?

     

    Los estudios sugieren que la incidencia de enfermedades mentales serias como la esquizofrenia o el desorden bipolar  está estabilizada entorno a entre el 1,5% y 3% de la población. Mientras que la incidencia de formas más suaves de desordenes mentales como la depresión, la ansiedad, el estrés postraumático o el déficit de atención afectan en su conjunto, en el primer mundo, a alrededor del 20% de la población adulta. El gobierno federal de EE.UU. estimó que en 2013, cerca de 44 M, del total de 325 M de población, sufrieron algún tipo de enfermedad mental,  siendo la depresión y la ansiedad las más comunes. La OCDE, el club de los países ricos, opina que los costes directos o indirectos de las enfermedades mentales ha superado el 4% del PIB en algunos países. Un informe de la Harvard School of Public Health y del World Economic Forum indica que entre 2011 y 2030 el coste mundial, entre costes directos e indirectos, de estas enfermedades será superior a 16 billones de dólares de 2010, siendo un coste muy superior al de otras enfermedades como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, diabetes, asma, heridas  o enfermedades músculo-esqueléticas entre otras.

    ¿A qué espera esta sociedad para reflexionar sobre las ventajas de introducir programas de bienestar en las empresas?

    Si Alejandro, nuestro joven director de Recursos Humanos, deseará conseguir el mejor  una clima laboral posible, con personas completamente satisfechas con su puesto de trabajo y beneficiarse del efecto felicidad -mayor productividad y creatividad, relaciones laborales más sanas, menor rotación y menor nivel de absentismo- en su empresa tendría tres opciones: la primera, deshacerse de las personas menos felices y contratar personas más felices; la segunda, implantar en su empresa programas de formación y entrenamiento en bienestar psicológico y personal; y la tercera, mejorar las condiciones de trabajo en su compañía.

    La primera opción es colocar el Bienestar Personal Psicológico como uno de los factores decisivos a la hora de seleccionar a los trabajadores, puesto que si seleccionamos personas felices toda la organización se beneficiara del efecto felicidad. El caso más conocido al respecto es probablemente la intervención que Martin Seligman, el padre de la psicología positiva,  tuvo en la compañía de seguros Metlife a mediados de los  años 80. Metlife seleccionaba unos 5.000  nuevos vendedores cada año, con un coste de formación de unos $30.000 anuales por cabeza, para encontrarse que la mitad de ellos abandonaban la compañía el primer año y que 4 de cada 5 vendedores lo hacía antes de llevar 4 años en la compañía. El profesor Seligman realizó seguimiento a 15.000 vendedores de la empresa a los que se les pasaron dos pruebas, el examen estándar de reclutamiento de la compañía y el perfil de optimismo desarrollado por él, los datos fueron concluyentes, aquellos que pertenecían al 50% de más optimistas vendían de media en dos años, el 37% más que los que pertenecían al 50% de más pesimistas, siendo las ventas de los pertenecientes al 10% de más optimistas un 88% superiores a los del 10% de más pesimistas. Se dio incluso el caso de que la compañía seleccionó a personas muy optimistas que a pesar de no superar los criterios del examen  estándar de entrada vendieron más que la media. El profesor Seligman, en el año 95, analizó el efecto optimismo en otras compañías -servicios profesionales, banca, seguros,…- observando que sistemáticamente los optimistas vendían entre el 20% y el 40% más que los pesimistas, y que en el sector inmobiliario los extremamente optimistas podían hasta triplicar las ventas de los extremamente pesimistas.

    Obviamente, y aunque no parece realista que una empresa pueda deshacerse de todos sus empleados más tristes, pesimistas y enojados y enviárselos a la competencia (aunque molaría) tampoco parece irrealista introducir el factor felicidad como un elemento a tener muy en cuenta a la hora de seleccionar personas e ir mejorando el ratio de personas felices/infelices en las empresas.

    La segunda opción disponible para Alejandro sería implementar programas de bienestar en su compañía. Afortunadamente el optimismo, como la felicidad o la autoconfianza, puede ser aprendido.  En 1998 nace oficialmente una nueva disciplina de la psicología, la psicología positiva, con un gran enfoque hacia su aplicación práctica, es decir, hacia las actuaciones que consiguen transformar a las personas o a las organizaciones. Esta disciplina estudia emociones positivas como la felicidad, la alegría o el amor, y fortalezas como el optimismo, la creatividad, la sabiduría, o la resiliencia. La psicología positiva ha demostrado que, por ejemplo, la influencia de los ingresos económicos sobre la felicidad solo es relevante hasta cubrir las necesidades básicas y que a partir de un determinado nivel, mayores niveles de ingresos parecen no aportar mayores niveles de felicidad mientras que, por el contrario, la cantidad y calidad de relaciones personales aparece como el factor más asociado a niveles altos de bienestar psicológico personal. De igual manera, el optimismo, la autoestima,  la gratitud, o la estabilidad emocional, también aparecen relacionados con mayores niveles de felicidad,  actuando estos  estados mentales positivos como barreras a los trastornos psíquicos y  teniendo un efecto preventivo e incluso rehabilitador.

    La investigación nos han descubierto herramientas eficaces, no solo  para mitigar el malestar emocional, sino también para prevenir su aparición mediante el entrenamiento en técnicas y estrategias que nos hacen más fuertes mentalmente y más sanos física y psicológicamente. Los hallazgos de la psicología positiva están siendo aplicados en campos tan distintos como la educación, las organizaciones o la medicina.

    Así Alejandro podría tener la certeza de poder implementar prácticas, o contratar a profesionales para que lo hicieran, que se han demostrado que  mejoran la salud psicológica y el bienestar de sus compañeros y, consecuentemente, la de la organización a la que pertenece.

    La tercera herramienta a disposición de Alejandro es mejorar las condiciones objetivas de cada uno de los puestos de trabajo –horarios, salario, entorno,… El problema con respecto a esto es que en entornos tan competitivos como los actuales,  en los que una situación post-crisis tan prolongada parece haber dejado al precio que las empresas cobran por sus productos y servicios como el factor decisorio principal de los clientes de muchos sectores,  pocas empresas pueden hacer avances muy significativos en la mejora de las condiciones objetivas de los puestos de trabajo (siendo quizás la racionalización de horarios donde más área de mejora existe en nuestro país).

    Considero que para Alejandro invertir en formación en felicidad sería la apuesta más eficiente para su compañía y con más beneficios colatelares para sus empleados y la sociedad en general.  Ahora bien, ¿cuánta gente realmente feliz existe?, ¿hay mucho campo para la mejora o, por el contrario, es ya la población española una sociedad feliz?

    El European Social Survey realiza macro estudios sobre diferentes asuntos,  siendo uno de ellos el bienestar personal y social.  La profesora Felicia Huppert de la Univeridad de Cambridge trabajó los datos sobre 43.000 personas de estos estudios,,  analizando, entre otros elementos,  la estabilidad emocional, la vitalidad, la resiliencia, la autoestima, el compromiso, las emociones positivas o el optimismo, y clasificó el bienestar personal psicológico de las personas en las categorías siguientes:  con desordenes   mentales, languideciendo, salud mental moderada y floreciendo. Florecer es, aquí, sinónimo de una alta salud mental. Este estudio reveló que existe una gran variabilidad entre la salud mental de las personas según su país de residencia, es decir que el entorno –costumbres, filosofía de vida, red social, educación, funcionamiento del estado de bienestar y las instituciones- influye sobremanera en el nivel de felicidad de las personas, una prueba más de que aunque en alguna medida las personas felices nacen, sobre todo se hacen. Todos los países nórdicos están en el tercio superior de Bienestar Personal Psicológico, destacando Dinamarca donde el 33% de sus ciudadanos están psicológicamente estupendos, y todos los países del este de Europa están en la mitad inferior de bienestar psicológico, destacando negativamente la Federación Rusa con únicamente el 5 % de sus ciudadanos floreciendo.  España, con el 17% de sus ciudadanos floreciendo está en la zona intermedia de felicidad (aunque ganamos a los franceses, algo que ya intuíamos solo con visitar el país vecino, no somos una sociedad feliz).

    El objetivo global de la psicología positiva es que en el año 2051, el 51% de la población mundial esté floreciendo. Ya tenemos pruebas concluyentes de que se puede aprender a ser más feliz, ya sabemos qué prácticas nos ayudan a  conseguirlo, y ya conocemos los beneficios colaterales que aumentar el bienestar emocional  conlleva para las personas -más salud, más dinero y más amor- y para la sociedad -ahorros en sanidad, en seguridad, en justicia,… pero las empresas no pueden dejar la educación emocional en manos exclusivamente de los políticos, entre otros motivos porque los trabajadores ya no van al colegio. Afortunadamente, Alejandro dispone de un torrente de datos que le dan la suficiente munición para convencer a la propiedad de su compañía de que invertir en el bienestar psicológico de sus empleados es invertir en productividad, ventas y salud laboral. Así, invertir en la felicidad de los trabajadores es una práctica altruista que se traduce en más beneficios empresariales y, consecuentemente, deviene en un acto egoísta (otra muestra más de la maravillosa paradoja de que ayudar a los demás acaba redundando en beneficio propio).


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  • ¿Construir una vida feliz o construir una vida buena?

    Si hubiéramos tenido la oportunidad  de haber preguntado a un paisano del siglo XVIII, qué consideraba más probable y alcanzable,  que si la mayoría de las  personas fuéramos  felices o  que si las personas seríamos alguna vez capaces de construir vehículos que nos permitieran volar como pájaros o alcanzar la luna, qué las personas si la mayoría de los personas vivieran una vida plena o que los médicos pudieran conseguir que alguien pudiera  vivir con el riñón o el corazón de otra persona, qué creemos que nos hubiera contestado. ¿Alguna duda sobre lo que hubiera contestado el paisano ante nuestro dilema?

    Sin embargo, la consecución de la felicidad es claramente una asignatura pendiente. Investigaciones realizadas por el El European Social Survey (ESS ERIC), (2006/7; 2012/13) concluyó que el nivel de personas que están flourishing, es decir llevando una vida buena, en España es inferior al 20%.

    La inquietud por definir  felicidad o por identificar lo que es una vida buena, (una vida buenaes aquel tipo de vida que le hace bien a quién la vive),  es una cuestión que se remonta, como poco, a los clásicos. Para la escuela de pensamiento hedonista, con Epicuro como máximo exponente,  una vida buena consisteen tener una buena vida, es decir, por una parte, en disfrutar el mayor tiempo posible de emociones agradables y placenteras, y por otra parte, en la ataraxia o ausencia de turbación, mientras que para la escuela aristotélica, eudaimonia, felicidad en griego, consiste en sentir que tu vida tiene un significado, y que estás viviendo una vida conforme a tu yo verdadero.

    Pero, ¿por qué elegir entre hedonistas y eudemónicos? Porqué elegir si además sabemos que existe una altísima correlación entre el bienestar hedónico y el eudemónico. Así, felicidad y significado parecen ir cogidos de la mano.

    La psicología positiva, la ciencia de la felicidad, concluye que una vida buena es un constructo, es decir, una edificación construida sobre varios pilares.

    Metafóricamente, una vida buena es como una casa de campo con diferentes estancias de manera en que cuidar cada estancia y ponerla bonita contribuye el bienestar general de quien allí vive.

    La primera buena noticia es que la ciencia ha identificado cuáles son esos pilares de la felicidad. La segunda buena noticia es que todos podemos construir esa casa llamada  vida buena puesto que los pilares que la conforman están al alcance de todos y cada uno de nosotros. La tercera buen noticia es que sabemos y estamos descubriendo, mediante la evidencia científica,  cómo cultivar y hacer cada crecer cada uno de los pilares de un vida buena.

    La investigación es concluyente las personas que viven una vida buena, son aquellas que:

        - Están felices durante  más tiempo, es decir, disfrutan de emociones agradables, como la alegría, la calma o el entusiasmo durante mucho más tiempo del que soportan emociones tóxicas como la ansiedad, la tristeza o el aburrimiento.

        - Disponen de un  amplio círculo social, con muchos y buenos  amigos y disfrutan de relaciones afectivas sanas.

        - Pasan más tiempo realizando actividades que les hacen sentirse “enganchados”, es decir,  mentalmente presentes. Trabajan desarrollando su vocación y se entregan a sus hobbies y aficiones.

        - Están orientados al éxito y a alcanzar resultados, lo que les hace luchar por conseguir sus objetivos vitales.

        - Le dan un sentido de misión a la vida que tiene que ver con el desarrollo de objetivos que van más allá de uno mismo. Sienten que su vida tiene una misión, un propósito,  que va más allá de ellos mismos y tiene una función que cumplir.

    Una vez identificados los pilares de la vida buena  sólo queda aplicar lo que sabemos acerca de cómo cultivar  esos pilares. Algunas de las prácticas que te llevarán a vivir una vida buena son:

            1. Disciplinar tu pensamiento y desarrollar fortaleza mental, mediante diferentes técnicas, una de ellas la meditación.

             2. Utilizar tu fisiología – tu cuerpo- para ser dueño de tu estado emocional y de tus niveles de energía- practicando entre otros control postural y realizando ejercicio físico.

             3. Ser cuidadoso y elegir bien aquello de lo que te rodeas. Las personas, los paisaje y los entornos de los que nos rodeamos, así como lo que leemos, escuchamos y vemos, influyen en nuestro bienestar emocional, en nuestra productividad o hasta en cómo nos recuperamos de las enfermedades.

             4. Cultivar tus amistades, planificándote para compartir más tiempo en entornos relajados y divertidos con tus amigos.

             5. Construir una relación de complicidad con tu pareja, aceptándola como es y comprometiéndote en hacer de la relación un espacio de crecimiento.

             6. Identificar tus fortalezas profesionales y virtudes de manera y elegir una carrera profesional que se convierta en un lugar donde puedes desarrollar lo mejor de ti mismo.

             7. Pasar más tiempo haciendo aquello que has identificado que te hace estar presente: tus aficiones, el baile, hacer el amor, el juego,…

             8. Plantearte grandes y pequeños objetivos y comprometerte con hacer de la consecución de los mismos una práctica cotidiana. Por supuesto, sabiendo cómo plantearte los objetivos para que sean más alcanzables.

             9. Entregarte a una causa que no tenga que ver contigo mismo, ser altruista, ayudar a los demás de forma desinteresada.   

     

    La felicidad está al alcance de todos y cada uno de nosotros, o acaso, ¿te parece que estas prácticas de felicidad son algo que requiere de algún talento especial o de capacidades intelectuales o físicas especiales? ¿Consideras que hace falta disponer de un alto nivel económico para entregarte a una vida buena?

     

    Quizás el paisano del siglo XVIII no estaba muy equivocado cuando pensaba que no era tan difícil ser feliz,  seguro que en su fuero interno tenía tan claro como los científicos del siglo XXI qué es lo que hace felices a las personas. ¿Te apuntas a ser feliz o vas a seguir buscando la felicidad en los lugares equivocados?

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  • DEFENDIENDO LA LIBERTAD DE ELECCIÓN DE IDIOMA EN LA EDUCACIÓN

    Adjunto este ensayo que he preparado como trabajo en un curso de escritura que estoy realizando en una Universidad Americana. Lo incluyo porque en él defiendo la superioridad de la libertad individual y la busqueda de la felicidad  frente a la creación de una identidad nacional.

    Pido disculpas a aquellos que no "controléis" el inglés. (Sorry, je,je,...) 

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    Defending freedom of choice for language in education

    In the beautiful essay "Aria: A Memoir of a Bilingual Childhood", Richard Rodriguez supports a monolingual school education for latino immigrant children and opposes bilingual, both in Spanish and English, programs. Richard recalls some of his childhood memories in order to base his ideological position in his own experience as an American-born son of Mexican immigrants.

    This is a paper about the convenience or inconvenience of a bilingual education in theUnited States(or in any other country) or, better, a paper about the advisability of freedom of choice of the vehicular languages at school. I will aim to analyze the reasons for and against it, and I will do it by using the lens of Richard Rodriguez, the reflections of Bharati Mukherjee in “Two Ways to Belong in America” a tale of two sisters, her daughter and herself, from Calcuta who have lived in the United States for some 35 years and have a completely different level of assimilation, and my own experience, being born and having lived in a bilingual region in Spain with some perennial, though serene, conflicts about language and national identity.

    Richard’s reasoning opposing bilingualism, because of his brilliant story-telling and eloquent writing, seems sensible and consistent, but if we analyze it deeply we find that it lacks logical coherence and has striking weaknesses. How can someone who wants to have a solid influence on such a significant issue sustain his arguments only on his own personal experience and feelings (furthermore if his reasons and experiences are somehow paradoxical and inconsistent)? How can someone who wants to be a significant player in the language of education debate ignore the full range of millions of other immigrants and children of immigrants experiences?  Richard’s main reason for opposing bilingualism in education seems to be that he believes that teaching in a language other than English will provoke “feelings of public separateness” (Rodriguez 325), and therefore he may consider a language other than formal English “a dangerous language” (Rodriguez 325). He seems to make a direct connection between the use of a certain language at the start of education and the feelings of belonging, or separation, to the majority of the population, and the reason why he says that may be that during his infancy he spoke only Spanish and he sensed “the experience of feeling apart from los gringos” (a way Mexicans call the Americans) (Rodriguez 311) because Spanish reminded him of his “separateness from los otros (the others), los gringos” (Rodriguez 312).

     Language is for many people, including Richard, a vehicle of national sentiments and a sign of personal identity however for many others a language is not much more than a vehicle of communication. Richard defends that the use of a language in early education has a strong influence in the feelings of belonging to a society, but I believe that the impact of language in education is not definite, otherwise how is it that different members of Richard’s family have such different levels of assimilation to America? How is it that two sisters émigrés from India who speak perfect English, Mira and Bharati Mukherjee (same family, same social status, same level of education, almost same age, arrived to the States almost at same age), live such a different “relationship” both with America and with their Indian legacy?  How is it that in my own family, where eleven cousins who were born and lived in the same village (again same family, same social status, same level of education, almost same age,…), who all attended the same school and all spoke valencià at home and all studied Spanish at school, have up to four radically different ways of relating to these two different languages and to nationalistic sentiments?

    Language is an evident element of society cohesion and, usually, a strong constituent of personal identity. It seems obvious that “language” played a great role in Richard’s feelings of identity; during his early childhood his family spoke almost only Spanish at home, “by contrast English (inglés), rarely heard in the house, was the language I came to associate with gringos” (Rodriguez 309) and that situation made him feel as if he “was a foreigner” (Rodriguez 312). However in my family’s case, all of the 11 cousins spoke from childhood perfect Spanish and Valencian, but when relating to national identities, we have the whole variety. Some of the cousins feel they are only Valencians (regular schools being bilingual, they decided to send their children to schools where Valencian was the only vehicular language), some more Valencians than Spanish, some equally Valencians and Spanish (some of them sent their children to a British school) and some much more Spanish than Valencians (they speak to their children in Spanish). In the case of the Mukherjee sisters, language does not seem to play any role in their national sentiments, they both speak perfect English but Mira feels “some kind of irrational attachment to India that I don’t to America” ( Mukherjee 282) whereas Bharati fell in love for his country of adoption “America spoke to me – I married it” (Mukherjee 282).

    The connection that Richard makes between language and identity may be best reflected when he remembers the day when he felt totally confident with his English for the first time and at school decided “to raise my hand to volunteer an answer…That day, I moved very far from the disadvantaged child I had been only days earlier. The belief, the calming assurance that I belonged in public, had at last taken hold” (Rodriguez 316).  It seems as if it was a kind of epiphany for him, as if it transformed himself from being a foreigner “to think of myself as an American” (Rodriguez 319).

    But, can the proficiency in a language be always a matter of national identity, or otherwise a certain language is just a vehicle to address certain people? Let’s explore experiences other than Richard’s: Imagine that you receive your education from kindergarten in a British school inSpain, study Spanish as a second language, speak Valencian with your dad and French with your French mum and grandparents? Are Spanish or English “national languages” in all of the many former colonies where they are the only official language or one of them? Is English a “national language” in countries where it has been adopted as an official language in order to become a sort of Esperanto?  Why is it that countries with hundreds of different languages and dialects (e.g.:ChinaandIndia) have an “only majority national” sentiment? Is it possible that you can only speak English, and you are Scottish, and want the secession fromEngland? Answers are multiple and reality is hugely complex, but it seems obvious that it is too simplistic to defend that naturalization (what an ugly word!) and national sentiments are issues that can be easily solved using an only official language in early education.

    Richard’s defense of monolingualism is supported in “the value and necessity of assimilation” (Rodriguez 319) because “such assimilation makes possible the achievement of public individuality” (Rodriguez 319). Does he mean that a perfectly bilingual child can not have a public individuality? Or does he mean that speaking an additional language disables you to fit in public society? The answer is so obvious that no additional comments are needed to disauthorize Richard’s arguments. Furthermore     he is very paradoxical and inconsistent in his reasoning when, after saying all the things he had previously said about language and feelings of separateness, attacks a Hispanic-American writer for linking language to family ties, as he also did when he was younger, by saying “he credits to language what he should credit to family ties” (Rodriguez 326).  In fact, Richard also acknowledges that language is “never the source” of intimacy since “it depends not on word but on person” (Rodriguez 326). If he thinks so, why is that he keeps linking language in education and feelings of belonging?

    We could debate Richard’s idea that an only English education may contribute, but not guarantee as we have debated previously, to a better assimilation of émigrés, that may lessen the feelings of separateness of the sons of latino immigrants and that may increase social cohesion (even tough according to Spain’s past experiences, prohibiting Spanish regional languages in education not only didn’t increase national feelings but provoked feelings of rejection and odium to central institutions). But for me the right issue here is to solve what the main purpose of education is: is it to serve the society or is it to serve the individual? Or in other words, should citizens be at the service of the nation or the nation should be at the service of its citizens? If you agree with me with the latter then the question to arise would be: does a monolingual education serve better the individual than a bilingual education? I don’t think so. 

    I defend that freedom of choice and the search of personal happiness are superior values than the building of a national identity, I believe that personal rights are superior to national interests and consequently I cannot agree with Richard’s idea of prohibiting a bilingual education. First of all, I believe that parents are the ones with the right to decide in which language, or languages, their children are to be educated; second, speaking both English and Spanish (or whatever language parents decide to instruct their children) fluently, may open the doors of a brighter future, not only because they can communicate fluently with the Spanish speaking world but because they can very easily get to understand and learn other Latin languages like French, Italian or Portuguese.

    We have learnt that a nation would rather win the heart of the people than naturalize them; no language at school can help if you “feel used …manipulated and discarded” (Mukherjee, 282) as Mira felt. You win the heart of immigrants by being an example of certain values: freedom, justice, opportunities, equality, efficacy, warmth or civility, or by providing a cool way of living “I was opting for fluidity, self-invention, blue jeans, and T-shirts” (Mukherjee, 282), but not by language and cultural immersion. I have seen many sons of immigrants, with no formal education in valencià, voluntarily adopting Valencian as their another language and other tens with Valencian formal education that never spoke a single Valencian word out of the school. Furthermore, if you build a society where cultures, the majority and the minorities, live together harmoniously as if they were one, where differences are not a sign of disruption but a symbol of enrichment and where people are not “judged by the color of their skin but by the content of their character” (Martin L. King) then there will be no place to feel that you “had committed a sin of betrayal by learning English” (Rodriguez 322) or to feel “that sense of betrayal had its desired effect and drove me from the country” (Mukherjee 282). If we can only build that kind of society, then there will be no need to choose between one’s ancestral culture and the majority culture of the place where one lives.

     

    Works cited

    Rodriguez, Richard. “Aria: A Memoir of a Bilingual Childhood”. 50 Essays. Ed. Samuel Cohen. 3rd ed.Boston:Bedford, 2011. 307-330. Print.

    Mukherjee, Bharati. “Two Waysto Belong in America”. 50 Essays. Ed. Samuel Cohen. 3rd ed.Boston:Bedford, 2011. 280-283. Print.

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  • ¿Por qué la educación da la espalda a las verdaderas necesidades de las personas?

    ¿Por qué los sistemas educativos ignoran la avalancha de evidencias científicas que señalan cuáles son los caminos que llevan a las personas a ser más felices y más eficaces?

    ¿No es como si a usted le dieran la combinación de una caja fuerte en la que hubieran depositado 10 millones de euros y decidiera no utilizarla? ¿Si a usted personalmente le dieran la fórmula, una fórmula comprobada y sencilla, para ser una persona más exitosa y más feliz, la utilizaría?

    La respuesta parece obvia, pero la realidad demuestra que una y otra vez obviamos lo obvio.

    Ignoramos cuáles son los motivos - la inercia, las dificultades burocráticas, la falta de determinación,… - que impiden que la educación reglada se convierta en la poderosa herramienta del crecimiento personal que podría llegar a ser.

    El caso es que existen demasiadas evidencias de que ya conocemos la clave del éxito en los individuos y las claves del éxito de las sociedades como para ignorarlas y que no sean parte vital de nuestro sistema educativo.

    Las personas, individualmente y como colectivo, demostramos una y otra vez que tenemos la extraña habilidad de ignorar la sabiduría, de dar la espalda a la ciencia y de seguir haciendo lo que veníamos haciendo sin cuestionarnos si lo que estamos haciendo nos llevará adonde queremos llegar.

    Todos estaremos de acuerdo en que el mayor objetivo de la educación es sentar las bases para que el futuro de cada niño sea el mejor posible de forma en que éste pueda desarrollar todo su potencial.

    ¿Pero qué es un futuro mejor? El futuro mejor sería alcanzar lo que cada persona desea alcanzar. Y, ¿qué es lo que la mayoría de las personas desea alcanzar en esta vida?

    Investigaciones demoscópicas en todo el mundo concluyen rotundamente que la mayor aspiración del ser humano es ser feliz.

    La educación es la siembra que permite recoger un buen fruto en la edad adulta, es la semilla que generará la cantidad y calidad de las oportunidades que el joven podrá aprovechar y es la forja del carácter de la persona adulta.

    Pero la educación no sólo ha de servir a los objetivos de los individuos sino que de forma indirecta ha de contribuir al progreso de la sociedad y a la construcción de un mundo mejor.

    ¿Existen pruebas, avaladas científicamente, que demuestran cuáles son las claves del éxito profesional? ¿Podemos identificar qué tienen en común los científicos más brillantes, los empresarios más eficaces y los profesores más inspiradores?

    Existe un verdadero torrente de estudios que concluyen que podemos destilar la esencia de la eficacia profesional, que podemos descubrir el pasaje secreto al reino encantado del éxito, que podemos alcanzar el santo grial de la excelencia.
    La investigación ha concluido que la inteligencia emocional, es decir, la capacidad de manejarte de forma inteligente con tus propias emociones y con las de los demás es la receta del éxito.

    Inteligencia emocional (I.E.) es inteligencia personal. Es conocerte mejor a ti mismo, es ser consciente de tus fortalezas y de tus debilidades, es estar motivado y es ser dueño de tus estados emocionales. Una I.E. elevada te permite estar siempre, o casi siempre, en estados como la alegría, el contento o la tranquilidad y te aleja del nerviosismo, el estrés o el enojo.

    Inteligencia emocional es, también, inteligencia social. Es reconocer mejor las emocionas ajenas, es ser empático, es saber estar y es ser capaz de relacionarte de forma sana con las personas que te rodean. Es saber comunicar y saber liderar.

    Las competencias emocionales, según Daniel Goleman1, explican las dos terceras partes del buen desempeño de un trabajador sin responsabilidades directivas, mientras que la suma de la experiencia, el cociente intelectual y la formación determinan el tercio restante.

    La competencia emocional es clave no sólo en profesiones relacionales, sino también en científicos, programadores o ingenieros.

    Y la competencia emocional es la clave de la eficacia de las personas que dirigen a otros. Así el buen hacer de un ejecutivo, un encargado, un profesor o un padre (en su rol de padre) depende en un 90% de su cociente emocional.

    Otros numerosos estudiosos del rendimiento (Roshental, Fernandez Araoz,…) se sorprendieron tanto de la rotundidad de estas conclusiones que decidieron comprobar ellos mismos las conclusiones de Goleman, alcanzando similares resultados.

    ¿Puede el sistema educativo de un país ignorar una información tan relevante como ésta?

    Nuestros dirigentes deberían dar un salto en la silla al escuchar esta información y decir “¡Eureka! ¡Lo tenemos!” y ponerse en marcha.

    Pero, además, un entrenamiento en inteligencia emocional es un entrenamiento en felicidad. Una de las cuatro esferas de la maestría emocional es la gestión de los estados emocionales, una persona emocionalmente inteligente es una persona más feliz.

    El dominio de las emociones te libera de la tensión, el enojo, el nerviosismo o la irritabilidad y te hace vivir en un continuo de emociones gratas como la alegría, la calma, la motivación o el buen humor.

    Y la felicidad no es sólo una bendición para la persona feliz sino que es una fortuna para los que rodean a la persona feliz y para toda la sociedad.

    Las personas felices2 disfrutan de mejor salud, tanto física como mental (ahorro en el sistema sanitario), son más productivas (ventajas económicas), trabajan mejor en equipo, son más sociables y menos conflictivas (más eficiencia en el sistema judicial) y son más altruistas (menos necesidades de servicios sociales públicos).

    La felicidad de las futuras generaciones contribuye de forma poderosa al Producto Nacional Bruto y, lo que es más importante, ayuda a construir una sociedad más armónica, alegre y solidaria.

    De igual manera, la felicidad es un derecho individual irrenunciable y el Estado debe ayudar a contribuir a que ese derecho sea alcanzado por el mayor número posible de sus ciudadanos.

    Existen ya demasiadas pruebas piloto exitosas realizadas en colegios e institutos y demasiadas evidencias de que los entrenamientos en psicología positiva, inteligencia emocional y técnicas de alto rendimiento pueden obrar pequeños milagros en las vidas de las personas, como para que nuestro país siga ignorándolas.

    El gran objetivo de la formación es dotar de herramientas “para la vida”, abrir horizontes y posibilidades y ayudar construir mejores personas.

    ¿Por qué no ponemos definitivamente a las instituciones al servicio del los individuos?

    ¿Podemos seguir ignorando que se puede aprender a ser feliz y que la educación emocional se puede y se debe aprender desde la infancia?

    ¿Puede un país permitirse no formar a sus futuras generaciones en las claves del éxito personal y profesional?

    ¿Podemos seguir permitiéndonos que nuestros planes de estudio no estén alineados con nuestras aspiraciones personales?

    ¿Podemos seguir permitiéndonos generaciones enteras de iletrados a nivel emocional?

    ¿Podemos seguir permitiéndonos obviar que disponemos de las claves para construir un país más feliz y más eficiente?

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  • EL SABIO NOS DICE CÓMO SER MÁS FELICES (II)

    La psicología positiva busca incrementar nuestro bienestar emocional y mejorar nuestra vida. ¿Qué está descubriendo, a través de estudios, la ciencia de la felicidad?. Aquí van los 10 consejos de esta semana:

    • Come ligero, y la digestión no consumirá tus energías, y come sano, pero come 5 veces al día, así mantendrás tus niveles de glucosa estables.
    • Plantéate objetivos, pequeños o grandes, de forma regular. Escribe pequeñas listas semanales de tareas a cumplir y cúmplelas. Tener objetivos genera dopamina y alcanzarlos mejora tu autoestima y te hace sentir en control de tu vida.
    • Aquieta tu mente. Practica la meditación y mejoraras el funcionamiento del sistema inmunológico, reducirás la ansiedad y la tendencia a sentir emociones tóxicas, mejorarás tu capacidad de concentración y tu rendimiento, y te sentirás más feliz y más en paz. 
    • Reserva tiempo para pasarlo con las personas que quieres. Fija fechas fijas de forma frecuente para ver a tu familia y tus amigos. Y sal de fiesta con tus compañeros de trabajo. 
    • Siéntate con la espalda recta y camina con la espalda recta, la mirada al frente, una sonrisa y paso animado. Lo que haces con tu cuerpo determina cómo te sientes. 
    • Escucha música frecuentemente, sal a bailar más a menudo, haz mucho el amor y mira menos la tele. Aquieta tu mente cuando estés duchándote, comiendo, charlando con amigos o paseando y disfruta de cada momento. 
    • Una vez al mes haz una lista de las cosas de tu vida por las que tienes que estar agradecido (personas, experiencias, comodidades,…) 
    • Hazte dueño de tu mente. Los pensamientos negativos te hacen infeliz y no te ayudan, no llores más de tres veces la misma desgracia como no te reirías más de tres veces con el mismo chiste. Si controlas tus pensamientos serás dueño de tu vida. 
    • Estate siempre aprendiendo algo: un idioma, una disciplina de la ciencia, tocar un instrumento, un estilo de baile,… Aprender genera dopamina y adrenalina, te hace sentir bien y retrasa el envejecimiento cerebral. 
    • Comprométete con una causa: voluntariado, el desarrollo de tus hijos, una asociación del pueblo o el barrio,… El propósito de una vida es una vida con propósito. 
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  • EL SABIO NOS DICE CÓMO SER MÁS FELICES I

    La psicología positiva busca incrementar nuestro bienestar emocional y mejorar nuestra vida. ¿Qué está descubriendo, a través de estudios, la ciencia de la felicidad?. Aquí van los 10 consejos de esta semana:

    - Practica ejercicio de forma regular. La práctica de ejercicio aeróbico mejora tu estado de ánimo, y terapéuticamente es tan beneficioso como tomar antidepresivos.

     - Mantente ocupado, una mente desocupada es tan peligrosa para nuestro equilibrio psicológico como el estrés.

     - Enfrenta tus retos cuanto antes y no alargues la toma de decisiones difíciles. cuanto más postergas algo que sabes que tienes que hacer, más ansiedad y tensión generas.

     - Haz que te guste lo que haces, haz más de lo que te gusta y deja de pasar tiempo haciendo cosas que no te aportan nada Planifica tu tiempo para pasar más tiempo con tus aficiones, hobbies, estar con los tuyos,….

     - Sonríe y saluda a los demás. La vida sonríe a quienes sonríen a la vida. Sonreír mejora tu estado de ánimo y también contagia a los demás. ¡¡Besa y abraza mucho a la gente que quieres!!

     - Se transparente y natural, no vivas la vida de otros. Mentir es malo para el corazón, altera tu ritmo cardiaco y empeora la percepción que tienes de ti mismo.

     - Sé bueno y ayuda a los demás en lo que puedas. El odio, la envidia o la aversión sólo te dañan a ti, ayudar a otros beneficia a tu corazón y a los demás.

     - Rodéate de aquello que te hace sentir bien, fotos de tus seres queridos en el despacho, llena tu casa de recuerdos bonitos, vístete de la manera que te hace sentir bien.

     - Cuenta lo bueno y lo malo que te sucede. Hablar es bueno para el corazón. Una alegría compartida es más alegría y hablar de un problema te ayuda a ponerle distancia emocional. ¡¡Ojo, no agobies a los demás con tus penas!!.

     - Es mejor que gastes tu dinero en experiencias que en objetos. Somos más felices por lo que hacemos que por lo que poseemos; viajes, comidas o cursos nos hacen más felices que coches o ropa.

     

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  • ¿PODEMOS HACERNOS NORUEGOS?

    Aquí reproducimos el artículo de Juan Planes publicado en la edición nacional de EL MUNDO el 18 de mayo de 2012.

    ¿Podemos hacernos noruegos?

    Argumentos científicos, éticos y estéticos para que los españoles nos hagamos noruegos… o por qué el altruismo es el futuro y la honestidad y la justicia su contrapeso.

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  • LO INTERNO Y LO EXTERNO

    Dicen que los antiguos sabios, las verdaderas personas, marcaban una línea clara y nítida entre lo interno y lo externo, entre aquello sobre lo que podían actuar y aquello que es inevitable.

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  • SU MAJESTAD LA MENTE

    Estas son mis reflexiones sobre la mente que escribí como  prólogo del libro "Su Majestad la Mente" de mi amigo Manuel Conde

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    Cuando Sidarta el Buda dijo "tú eres tus pensamientos" no podía haber imaginado toda la avalancha de investigaciones y datos científicos que 2.500 años después avalarían su afirmación.

    El control de la mente, ser dueño de la misma en lugar de ser su sirviente, se ha demostrado como la llave de la cofradía que contiene el Santo Grial de la felicidad.

    Lo que cada uno pensamos acerca de nosotros mismos, de los que nos rodean y del "mundo" acaba convirtiéndose con mucha frecuencia en una profecía autocumplida.

    Proyectamos en el exterior nuestro mundo interior y la imagen que recibimos no es más que un reflejo de nuestra propia imagen.

    Creemos ver el mundo tal y como es y en realidad lo que vemos es al hombre del espejo y la versión del "mundo" que él ha creado en su propia cabeza.

    Numerosos estudios han demostrado que la autoconfianza, una convicción, es el factor singular más determinante del éxito, que nuestro autoconcepto, otra convicción, condiciona los rasgos de personalidad que desarrollamos y que nuestra percepción sobre la vejez, otra convicción, influye enormemente en cuán bien envejecemos y los años que acabamos viviendo.

    Estos tres ejemplos no son más que una pequeña muestra del poder que nuestras convicciones, nuestros pensamientos e ideas acerca de la realidad, tienen sobre nuestro devenir como personas.

    La configuración de nuestra mente y sus tendencias de pensamiento, frutos de la evolución, no siempre nos ayudan a ser felices.

    Nuestra mente dispone de mecanismos que sin duda nos han ayudado sobremanera a sobrevivir y progresar como especie pero que, con frecuencia, se convierten en tendencias tóxicas que contribuyen a perturbar nuestra paz interior.

    La capacidad de abstraernos en el tiempo, y con ello de recrear el pasado o intuir el futuro, la empatía, la tendencia a la comparación, el apego a lo que disfrutamos o el afán por alcanzar lo que creemos que nos proporcionaría bienestar son herramientas muy útiles para la supervivencia.

    La agricultura y la ganadería nacen de nuestra capacidad de prever, la empatía nos empuja a ayudar al que lo necesita, comparar te permite realizar distinciones útiles para crear o para manejarte con las diferencias, el apego te hace querer conservar los bienes de los que disfrutas.

    No obstante, esas ventajas se presentan como monedas de doble cara, y la cruz de las mismas es que con frecuencia perturban nuestra paz interior.

    Nuestro cuerpo emocional no distingue nítidamente entre la proyección de un miedo por parte de la mente, por ejemplo nuestra inquietud de que alguna desgracia nos pueda acontecer, a nosotros o a alguien de los nuestros, y la amenaza de un peligro real inminente.

    De esa manera, cuando anticipamos la posibilidad de una adversidad, se desata en nuestro organismo el mismo tipo de emoción, aunque quizás de menos intensidad, que se desataría si ese infortunio estuviera aconteciéndonos en el momento presente provocándose un inmediato desequilibrio emocional y la ruptura de nuestro bienestar.

    Así, la felicidad, en la medida en que la consideremos un estado emocional de bienestar permanente, depende principalmente de lo que tenemos en nuestra cabeza la mayor parte del tiempo.

    Además, nuestra mente dispone de una tendencia innata a la actividad permanente y nos cuesta horrores aquietar esa marea. La atención de la mente es constante y cuanto ésta no encuentra estímulos donde posarse lo suficientemente "atractivos" en el exterior se dirige a la construcción de pensamientos.

    En esos mecanismos mentales subyacen las semillas de dos enemigos de nuestro bienestar emocional.

    Por una parte, los estímulos negativos, un temor, una inquietud, una desgracia,… captan más nuestra atención que un estímulo agradable o neutro. Es evidente que esto resultó útil para manteneros alerta de los peligros que nos podían acechar.

    Por otra parte, la incapacidad de mantenernos atentos al aquí y al ahora, a lo que acontece a nuestro alrededor o al mero silencio, hace que nuestra actividad "pensante" –el dialogo interno- se ponga en marcha y que los pensamientos, gratos o tóxicos, se apoderen de nuestra mente.

    Alcanzar la felicidad "cuesta" y requiere de un esfuerzo persistente. Alcanzar el manjar de los manjares supone luchar a brazo partido contra la corriente que sigue el cauce natural de la mente.

    Nuestra mente ha sido configurada genéticamente para ayudarnos a sobrevivir, no para ayudarnos a ser felices, puesto que este no es el objeto de la evolución.

    Afortunadamente, en nuestra configuración mental también reside la semilla del bienestar, la felicidad y la paz interior.

    Si alguna vez te sentiste en absoluta calma y paz, si alguna vez la alegría inundó todo tu ser, si alguna vez el amor desinteresado brotó de tu corazón es porque dispones de todo el equipamiento necesario para disfrutar de una vida plena.

    Para ello, disciplina tu mente como si fuera el más bravo samurai, mantente atento y vigilante como el navegante que cruza el Atlántico en solitario y no permite que el viento y la marea desvíen su trayectoria y construye una determinación tan poderosa que no puede ser rallada, al igual que no es posible rallar un diamante.

    Uno sólo es verdaderamente libre cuando es dueño de sus pensamientos. Sin embargo, con frecuencia, las personas en lugar de servirnos de los pensamientos y ser dueños de los mismos parecemos ser sus sirvientes.

    Lo peligroso de la mente es que es un enemigo muy hábil y sutil, si te encerraran en prisión de forma injusta lucharías hasta la extenuación por conseguir una revisión de la pena.

    En cambio, la mente, que en muchos momentos es una prisión, nos recluye con tal habilidad que damos por sentado que es condición humana ineludible que los pensamientos tormentosos sean parte de nuestras vidas.

    Por momentos, los pensamientos se convierten en nuestra propia prisión y, a no ser que éstos sean especialmente tormentosos, habitualmente no somos conscientes de estar encerrados en una celda sombría que nos impide ser personas luminosas.

    Cuando se te dio vida se te confío el poder de construir una criatura mágica, la posibilidad de experimentar una vida excelsa, el germen sobre el que hacer crecer una existencia sublime.

    Convierte en el maestro de tu mente, cultiva tu semilla dorada y haz de tu vida una obra maestra.

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  • CAUSA Y EFECTO

    Hoy os hablaré de una ley que rige la inmensa mayoría de los acontecimientos que se producen a nuestro alrededor. Con seguridad algún profesor del  instituto o la universidad  os habrá hablado ya de ella. Se trata de la ley de la causalidad, la ley  de la causa y el efecto.

                 Esta ley nos dice que cualquier efecto es fruto de una causa, o de una combinación de causas, que cualquier resultado o situación que obtenemos es fruto de una acción, o de una combinación de acciones.

                 Esta ley nos dice que bajo determinadas condiciones y circunstancias algo se produce, o incluso mejor, que bajo determinadas condiciones y circunstancias algo no puede no producirse.

     Esta ley nos dice que existe una secuencia lógica por la que, para la mayoría de los fenómenos que nos rodean, en las mismas circunstancias, las mismas causas provocan los mismos efectos.

                 Siempre me ha llamado la atención que todo el mundo sea plenamente consciente del funcionamiento de esta ley en lo que se refiere a fenómenos físicos, así  todos saben que si dejan caer al suelo un vaso de cristal  desde una altura superior a un metro es muy probable que este se rompa al golpear con el suelo, y, sin embargo, no todo el mundo es tan consciente de que los resultados que obtienen en sus vidas personales y/o profesionales siguen esta misma ley.

                 De igual modo sucede con las empresas, los resultados que éstas obtienen dependen principalmente de su capacidad de ofrecer de forma eficiente una relación calidad / precio que satisfaga a los que han de garantizar su supervivencia, es decir, a sus clientes. Nadie puede obtener el éxito empresarial si las decisiones que toma y las acciones que emprende no consiguen ofrecer con costes competitivos productos o servicios por los que alguien esté dispuesto a pagar.

                 Si alguien hace las cosas bien, crea las circunstancias -las causas- que le llevarán a alcanzar el éxito – el efecto. La ley de la causa y el efecto hace que sea imposible que a las empresas que hacen las cosas bien les vaya mal. Sé que algunos de vosotros soléis comprar ropa en Zara, empresa que sabréis que tiene mucho éxito. Si por ejemplo, montarais una empresa capaz de ofrecer ropa de diseño, con una calidad  equiparable a la que ofrece Zara, por precio similares, en ubicaciones comparables, con la misma o superior eficacia en costes, en establecimientos con un ambiente agradable y sabes adaptarte a los gustos de la gente sería imposible que vuestra empresa no tenga éxito. La gente no compra en Zara por su nombre, de hecho, en muchos países donde tiene éxito es una empresa casi desconocida, sino que compra en Zara porque ofrece lo que el público está dispuesto a pagar.

                 Debéis saber que el éxito no depende de quién hace las cosas sino de qué cosas haces y cómo las ejecutas. Vuestro éxito no dependerá de vuestras capacidades sino de vuestras actuaciones, hasta un super campeón como Tiger Woods desaparecería de la lista de mejores golfistas si durante un año entero descendería dramáticamente su habitual rendimiento y dejara de ganar, o quedar entre los primeros, en los torneos en que participa.

                 Vuestro éxito no está garantizado por el hecho de que vuestros padres os den una magnífica educación  o por el hecho de pertenecer a una familia tan influyente como la nuestra, he visto durante generaciones como jóvenes de las familias más elitistas echaban a perder sus vidas a causa de la droga, de la avaricia o de la apatía, y, por el contrario, he visto vidas inmensamente felices en las familias más humildes. He visto como personas inmensamente ricas perdían todo lo que tenían cuando la gran mayoría de  las grandes fortunas que he conocido pertenecen a personas que empezaron con nada.

                 Lo que obtengáis de la vida dependerá de lo que sembréis,  así, vuestro éxito social, es decir, si gustáis o no a la gente y si sois capaces de mantener relaciones armoniosas, dependerá de lo que hagáis con respecto a los demás,  de vuestra habilidad para comunicaros.

      De igual manera, vuestro rendimiento profesional dependerá de que vuestras acciones sean las que conducen a alcanzar los objetivos de vuestras organizaciones.

     También vuestra felicidad dependerá de en qué invirtáis vuestro tiempo, dependerá en buena medida en que os entreguéis a aquellas actividades que os hacen sentir bien, a las que os hagan permanecer en armonía con el mundo que os rodea.

                Los budistas y los hinduistas llaman a la ley de la causa y el efecto ley del karma, y tienen claro que la diferencia entre lo que obtienen en la vida unos y otros reside en las acciones que ejecutamos a la largo de esta vida (y, para ellos, también en las anteriores).

                 Conoceréis a mucha gente que os dirá que el éxito depende de la suerte, los que piensan así es porque desconocen la verdadera naturaleza de las cosas. Son únicamente las acciones de las personas las que crean la buena o la mala suerte.

                 Solo un ignorante se atrevería a decir que el éxito de Michael Jordan, McDonalds, Alejandro Sanz, Paulo Coehlo, George Branson o Nelson Mandela ha sido fruto de la suerte. 

                Lo que muchos llaman suerte no es más que el fruto de trabajar con pasión, y habitualmente mucho, acertar en las decisiones y tener la suficiente comprensión de cómo funciona el mundo.

    La ignorancia como antagonista del verdadero conocimiento impide que las personas alcancen la felicidad. Confío en que vosotros no seáis de los que cuando no consiguen lo que se proponen o, peor, ni siquiera intentan conseguirlo, buscan excusas en las circunstancias, su falta de capacidades, la suerte,...

    Cuando estéis en una situación en la que no estéis consiguiendo lo que os proponéis,  cambiar la forma en la que lo estéis haciendo. Cuando los resultados no sean los que deseéis seguir actuando igual os llevará a seguir obteniendo más de los mismo.

    Pensad y actuad como los “grandes”, para ellos no hay errores, sino aprendizajes, cuando algo no os salga bien alegraros por haber descubierto una de las diferentes formas que no os llevarán a donde queréis llegar, ya estáis un poco más cerca de descubrir la forma adecuada de conseguirlo.  Cambiad de estrategia y ¡volved a actuar!.

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